En el próximo mes de noviembre, Jung Buenos Aires cumple 10 años online.
Me han dicho que es el sitio junguiano más longevo en habla hispana. Puede ser.
No crean que es un mérito, es más bien producto de algunos de mis defectos: soy necia y obcecada. Lo pueden afirmar muchos de mis amigos.
Cuando lo creé, allá por 1998 a instancias del padre de mis hijos, Stephen, fue con la intención de no perder contacto con algunos encuentros realizados por esa época en la que andaba por la vida con la boca abierta buscando incorporar conocimientos del Dr. Jung.
Habitualmente los sitios se crean con la intención de difundir conocimientos, sean éstos sobre el tema que sean, Jungba fue al revés: lo abrí para recaudar conocimientos. El espíritu fue: abro esta casa a la que están invitados todas aquellas personas de buena voluntad que quieran contarme y contar a otros lo que saben sobre las teorías de Jung.
Y ocurrió el milagro. De pronto comenzó a acercarse gente de todas las latitudes. Algunos hablaban, otros escuchábamos, y se fue llenando de gente la casa.
Podría extenderme largamente sobre las historias que se generaron a partir de la apertura de Jungba, y quizá algún día lo haga pero éste no es el momento.
No más decir que visto hoy en perspectiva, no deja de sorprenderme el mundo maravilloso al que ingresé, al modo del Otro Lado Del Espejo de Alicia.
Quizá lo que más agradezco, es la posibilidad que me dio de conocer tanta gente, tan interesante y tan diversa. Con algunos de ellos hemos forjado una amistad impensable de otro modo, y que aún perdura. Otros pasaron, dejaron su huella, y siguieron viaje. Pero yo los recuerdo a todos.
Internet no es un asunto del todo humano sino que depende en parte del destino, y algunos encuentros han realizado tales transformaciones en mi vida y tan mágicas, que sino fuese porque yo misma las he vivido, diría que son un cuento.
Incluso algunas de las amistades forjadas por este medio, comenzaron de un modo tan asombroso y disparatado que aún nos dá risa a los que hemos sido protagonistas de ese hecho.
Para ser justa, tengo que decir también que no todo ha sido “felicidad y luz”, también me he cruzado con personajes del inframundo, como corresponde a cualquier experiencia regida por el alma, claro está. También dejaron su enseñanza y partieron. Igualmente me he encontrado con mis propios personajes de mi propio inframundo, que todos los que estamos en esto, sabemos que también es agradecible. Aunque les pido disculpas a aquellos a los que les tocó padecerlos. Es decir: al modo de un sueño, éste sitio ha tenido consecuencias en mi vida, y sé que también en la vida de algunos que han pasado por aquí.
Hoy Jung Buenos Aires cambia su cara como cualquier niño que está entrando en la pubertad, y luego de casi dos años de latencia, tengo la intención de reabrir sus puertas para que siga siendo lo que siempre ha sido, una casa de acogida y encuentro para todos aquellos que queremos seguir conversando sobre los temas que nos ocupan.
A los que siempre han estado, mis bendiciones. Y a los porvenir, sean todos ustedes cálidamente bienvenidos!







